Historia de Granada Provincia. No es hasta 1833 cuando nace la provincia de Granada pero este territorio comparte una historia común cuya grandeza alcanzada en la época del Reino Nazarí la convierten en uno de los destinos más atractivos de España a este respecto.
Aunque hasta 1833 no podemos hablar de provincia de Granada como tal, desde el temprano s. VIII encontramos distintas organizaciones territoriales aquí en coras que que sufrirían diversas remodelaciones con el reino Zirí (1013-1090), el reino Nazarí (1231-1492) y el reino de Granada (1492-1833), éste último ya como parte de la Corona de Castilla.
En cuanto a su geografía, hay que enmarcarla en la parte de la Andalucía Oriental, su fuerte influencia árabe es visible todavía hoy en sus tradiciones o en monumentos de gran envergadura como la Alhambra.
Uno de sus periodos clave es el Reino Nazarí. Comienza cuando en el año 1238, Ibn al-Ahmar derrota a Ibn Hud y y conquista buena parte del territorio que actualmente conforma la provincia. En concreto este reino iba desde las montañas de la Sierra Nevada hasta Gibraltar y si bien la corte estaba ubicada en Granada ocupaba territorio de provincias como Málaga y Almería. Fue el esplendor del Islam en la provincia granadina que se extendería por unos dos siglos y medios hasta la Reconquista de los Reyes Católicos.
Debilitado por los conflictos internos y la instigación de los Reyes Católicos el reino Nazarí se acabó incorporando a Castilla como Reino de Granada, que ocupaba casi la totalidad de las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería. Esta toma suponía para ellos la unificación definitiva de España. La población mudéjar vería como los símbolos castellanos iban desplazando a la anterior cultura y la tierra que no estaba en sus manos se fue repartiendo a nobles castellanos como Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba que se hizo con el señorío de Huéscafr, el marquesado de Zenete, los Enríquez ocuparon Baza y Hernando de Zafra, ocupó el puesto de secretario real en Castril.
Aunque los acuerdos entre Isabel y Fernando y Boabdil para la capitulación del reino exigían el respeto a idiomas, religiones y tradiciones, la Iglesia Católica fue solapando estas aparentes buenas intenciones y el Cardenal Cisneros acabaría exigiendo que todos los habitantes fuesen bautizados al cristianismo.
Por su parte, los cristianos se fueron asentando en localidades como Loja, Guadiz, Baza o Almuñécar pero en proporciones nada comparables a la capital granadina donde la ocupación cristiana fue mucho mayor. Se calcula que en este período de transición de culturas llegaron hasta 40000 cristianos procedentes de diversos puntos de la Península Ibérica.
Este cambio provocó la expulsión de judíos y a los mudéjares se les prohibió habitar en las localidades costeras. El cambio religioso se consagró en 1492 con la Archidiócesis de Granada que contaba con obispados en Guadix y Almería, para posteriormente ampliarse a Jaén y Alcalá la Real.
Durante el asedio francés, por parte de las tropas de Napoleón Bonaparte, mendigos y marginados por la sociedad habitaban la Alhambra. Las tropas napoleónicas lo ocuparían como cuartel y harían explotar la Torre de Siete Suelos y la Torre de Agua de la ciudad palatina. Sin embargo, hoy día el Castillo Rojo es indiscutible símbolo de toda la provincia y el monumento más visitado de España, acogiendo la visita cada año de cientos de miles de personas que acuden a este rincón andaluz seducidos por la grandeza de su pasado.
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